Por el contrario Damián reconoce que ni siquiera hay salero en la mesa de su casa.
Mi madre viene con sus costumbres, no tiene hipertensión, no padece ningún problema de ese tipo, mi padre sí, entonces hubo en su momento esa batalla a ver si se quedaba el salero o no. Al final no hay salero, es que no hay. Se suele comer sin sal en mi casa. A veces cuando hay invitados o algo la comida, al no tener sal, la gente que no está acostumbrada lo nota, nota que a la comida le falta sal y la piden, en mi casa. Mis otras hermanas que no padecen hipertensión cuando van a comer a mi casa, siempre, saben que en mi casa no se come con sal”