Historia 29 – 30 COVID

MARÍA (embarazada) y VINCENT

Edad en el momento de la entrevista: 30 y  años

Género: femenino y masculino

Fecha de primer contagio: ambos marzo 2020

Fecha de la entrevista: mayo 2022

 

Inicio

En marzo de 2020 María se encontraba en el tercer trimestre de su segundo embarazo, considerado de riesgo debido a su hipotiroidismo y trombofilia. Un día antes del confinamiento por el estado de alarma decretado en España, estuvieron ella, su pareja, y su primera hija en común de quince meses de edad en aquel momento, en contacto con familiares de María sin mascarilla puesta. Por aquel entonces, señalan, no se creía que el COVID iba a llegar a España ni había mascarillas. 

El marido de su hermana -son vecinas- fue el primero en presentar escalofríos, fiebre y tos. María, que es enfermera, le atendió sin medidas de seguridad. Luego comenzaron a presentar síntomas su hermana y sus sobrinos. El propio Vincent pensó que sus síntomas (febrícula y molestia al respirar) eran alergia, pero se aisló. Ella esperó con angustia, por temor al estado de su sistema inmune, a que se le presentasen los suyos ya que parecía evidente que se trataba de COVID-19 aunque, en su caso, no tuvieran diagnóstico. Para entonces ya había fallecido alguna persona cercana por el virus.

Vivencias

El apoyo de las amistades sanitarias de María fue fundamental para conseguir alguna mascarilla, un pulsioxímetro o desinfectante. No obstante, el control de su embarazo se tornó muy duro con cambio de centro hospitalario, ausencia de visitas y controles, siquiera telefónicos, y desconocimiento de la fecha de su parto programado. Mientras, conocía los resultados de las analíticas por correo electrónico y Vincent le pinchaba heparina. 

La atención de su hija se sumaba a esta situación y, en un escenario de confinamiento, le obligaba a tener que ir sola al hospital para que Vincent se quedara con la niña en casa. Al menos María estaba de baja laboral en esa época y Vincent encontró teletrabajo justo el día 14 de marzo, así que pudieron adaptarse. Una vez pasada la infección por todos en el edificio familiar no se sintieron tan solos ya que retomaron el contacto.

Si bien María sólo tuvo al principio algo de dolor de garganta y llegaron a hacerse un test de anticuerpos que dio negativo -aclara que en ese momento no se detectaban- su sorpresa llega a finales de mayo cuando cuarenta y ocho horas antes de su parto se hace una PCR que sale positiva. El ingreso para el parto exigió a Vincent hacerse una PCR (que tuvo que pagar a un elevado precio) y que al dar negativo le permitió acompañarla, aunque la cesárea la vivió ella sola con el equipo médico convenientemente protegido. Lo peor, sin embargo, fue un incidente durante la intervención que hizo que hubiera que ponerle morfina para el dolor. Ambos tuvieron que quedarse en el hospital durante el ingreso de María si bien el ginecólogo no quería ni explorarla y sólo les apoyó una enfermera. Siguió dando positivo y mientras así fuera no le hacían pruebas tipo TAC o similares. Además, debido a los relajantes musculares que le recetaron no pudo dar el pecho y, dado el punto álgido de pandemia, tampoco se siguieron los controles habituales para bebés como la prueba del talón, que más tarde dio lugar a un diagnóstico que requirió atención médica. 

La apertura de los cierres perimetrales y poder retomar contacto con otros familiares que viven más lejos les vino bien psicológicamente después de tanto dolor y miedo social, y situaciones que en el momento de la entrevista llegan a calificar de surrealistas y absurdas cuando no se conocía tanto el virus. Igualmente han vivido otros contagios y aislamientos, tanto propios como de personas cercanas, en sucesivas olas de COVID-19 que resultaron muy distintas. También consideran que la evolución de sus hijas, comparando a la niña “pre-COVID” con la bebé, ha sido diferente, presentando la más pequeña una mayor dificultad para empezar a hablar o interaccionar socialmente, lo que asocian directamente con el aislamiento y el uso de mascarillas. 

Recomendaciones

A las mujeres que se infecten estando embarazadas le transmiten tranquilidad y recalcan que ya se sabe más del COVID-19 en su estado.

A la sociedad le diría que no se pierda el sentido común a la vez que se mantenga la vigilancia, todo en clave científica, y no aislarse ni pelearse por sus creencias respecto a este virus.

Sobre el personal sanitario que entienden la precaución, les piden que no sean tan fríos en el trato: deben encontrar “un punto medio”.

Al ámbito político les gustaría decirle que encontraran los mejores criterios para definir la necesidad de uso de mascarilla en exterior y en interior.

Participante Covid

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